Sarajevo, Bosnia y Herzegovina

18 diciembre 2017
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Asediada durante casi cuatro años durante la guerra de Bosnia, Sarajevo lucha hoy por recuperar el estatus de ciudad multicultural que presumía de tener antes del conflicto de los Balcanes. Es una ciudad mucho más turística, elegante y moderna de lo que uno pueda pensar y, desde luego, tiene detrás mucha historia. Hasta allí viajó nuestro director de comunicación Miguel García Campos para Inteños por el Mundo.

La capital de Bosnia y Herzegovina es una ciudad que habla sobre todas sus etapas históricas a través de sus paredes. El barrio turco nos muestra el legado del imperio bizantino y otomano y recuerda mucho a las ciudades islámicas (Sarajevo, de hecho, es de mayoría musulmana, igual que Pristina). La cara occidental por parte de los austrohúngaros puede verse en ciertos edificios y avances tecnológicos como los tranvías: curiosamente, Sarajevo fue la segunda ciudad del mundo tras San Francisco en adquirir este medio de transporte ya en 1885.

La trágica historia reciente se narra a través de los suelos y paredes marcados por la guerra de Bosnia, los enormes cementerios que desfilan por las colinas y municiones recicladas en bolígrafos y llaveros que se venden en las tiendas de souvenires. Un punto destacado es el lugar en el que fue disparado el archiduque Francisco Fernando, cuyo asesinato fue el detonante de la Primera Guerra Mundial.

La fotografía que nos ha enviado Miguel muestra la fuente Sebilj. Para situarnos en Sarajevo, lo primero que debemos saber es que su casco antiguo recibe el nombre de Baščaršija. Esta palabra hace referencia al viejo bazar, cuyos orígenes se remontan a la fundación de la ciudad en el siglo XV por parte del Imperio otomano. Por ello, escucharás también que a esta zona se le llama barrio turco. Si quieres estar en el centro neurálgico de Baščaršija, puedes empezar por visitar la plaza del mismo nombre. En el centro se encuentra la fuente Sebilj, construida en madera y piedra en el año 1753. Desde allí puedes empezar tu visita a Sarajevo, dar de comer a las palomas o hacer compras en las tiendas abarrotan la plaza. También, por supuesto, sentarte en una terraza a tomar café bosnio y dulces turcos.

 

Fuentes: Los apuntes del viajero y Mis viajes por ahí.