Mauthausen

7 agosto 2017
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Por Jaume Pastor Barquero (expedicionario)

 

Nos bajamos del lomo metálico con la jovialidad habitual y algunos como yo calmamos el ansia del felino con una fruta como la nectarina que tenía en mi bolsillo y había aplastado, manchando algo el interior. Antes de entrar en Mauthausen nos dieron unos ligeros trazos del horrendo y desgarrador cuadro que nosotros debíamos completar con nuestros propios ojos. Los datos de realidad abrumadora y desbordante te empujaban hacia la historia cruel y oscura de la misma corrupción humana que hoy se expresa bajo otras formas, máscaras, pero son en esencia la misma atrocidad: el desprecio de la persona humana, su vida y dignidad. Caminé sobre la madera crujiente de los barracones donde se hacinaban los cuerpos escuálidos, esqueléticamente débiles de las víctimas de la opresión nazi. También caminé sobre el cemento y granito de los baños donde la privacidad o intimidad no era concebible, y vi la brutalidad de los empujones y golpes por conseguir entrar en contacto los ojos mancillados, sucios, cansados con agua limpia o, al menos, menos sucia que su deplorable estado. Durante la visita empezó a llover, a caer lágrimas del cielo siempre insuficientes al haber tanto, tantos por los que llorar. Salí de los barracones, la residencia del dolor, la amargura y pena compartidas, para ir a las duchas de agua y gas, al crematorio, a la residencia, el cuarto privado de la señora muerte. Allí, la privacidad también era una ilusión, no hay nada sobre lo que apoyarse, solo duchas, solo eficiencia inhumana. En las paredes no había marcas de uñas, desgarrados latigazos de vida, sino que había notas de las familias intentando dejar un recuerdo latente y eterno de esa persona que no está ya. El crematorio, por su parte, estaba mucho más oxidado que las duchas, mucho más en contacto con la muerte. Salí a fuera con una grieta en el corazón por la cual me empecé a calar de todo ese dolor silenciado por el tiempo. Me dirigí al final del campo de concentración, donde estaba originalmente la enfermería y ahora se alzaban cruces sobre las fosas comunes. Tras un muro contiguo había lápidas personales y sobre una de ellas había piedras como muestra de dolor, compasión y unión. Cuando llegué ahí supe que era el lugar y empecé a buscar en mi mochila dentro del diario hasta hallar el poema transcrito que compuse en la conferencia sobre el genocidio gitano. Intentando cumplir los deseos de Aldo Rivera, el ponente, recité para mis adentros, donde escuchan con más facilidad los que están más allá, el poema lentamente.

 

“Superviviente”

Soy la voz que grita

por los que gritaron

y nadie oyó,

nadie quiso escuchar

y todos quieren olvidar.

Soy la voz, una única voz

que se alza solitaria

intentando encontrar

esos fragmentos que se llevaron

los que ya no están.

Soy la voz que sufrió

Una mirada de odio,

Una mirada que no es mirada,

Una mirada vacía de amor

Y rebosante de una explosión,

De gas, un humo tan negro

Que las personas se desdibujan y animalidad,

Que las personas no son personas,

Son objetos, juguetes de la ideología

Que solo quiere sepultar

Su propia miseria, su propia oscuridad

Con una luz ardiente al prender la llama

Que están fácil de hacer arder:

¿Ves a ese inmigrante?¡ Eres mejor que él!

Soy una voz que clama

Envuelta en el desierto

Por la arena del recuerdo.

Soy la voz que clama

Por un mañana en paz

Rescatando y abrazando

El sufrimiento que tengo

Y comparto con los nuevos astros,

Con las nuevas estrellas

Que seréis la luz de nuestro mundo

Pues para aprender a vivir

Hay que saber sufrir

con caridad y dignidad,

Sin ningún imperativo

De querer aplastar,

De señalar a alguien a quien culpar.

 

Tras ello, le prendí fuego bajo la lluvia con ayuda de mi compañero Pablo Pellicer. Aunque la humedad del papel y del ambiente impidió que las palabras ascendieran al cielo y luego llovieran siendo partícipes de esas infinitas lágrimas que se merecen los que entraron y nunca salieron. Finalmente, dejamos que las propias lágrimas deshicieran y desgajaran las letras, llegando de forma más directa a la tierra donde descansan sus cuerpos o, al menos, algo que sostiene su recuerdo. Al ir fuera de la antigua enfermería y actual cementerio ya no había en mí ceguera alguna, ningún mecanismo psicológico de defensa había quedado en pie, pues al pasear bajo las gotas caídas desde los ojos de los ángeles no podía evitar ver a los batallones extremadamente delgados cuyas facciones y miradas desesperadas intentaban aguantar firme y estoicamente  en formación por miedo a la opresión y represalia al mostrar la más que evidente debilidad física y espiritual. Cruzaba entre ellos viendo sus harapos mugrientos y pegados a su esqueleto por la humedad condensada y precipitada mientras intentaba no apartar la mirada, intentando no olvidar, pretendiéndome calar con su recuerdo. A la salida de los dos portones de madera a la izquierda, se alza imponente una estatua de un hombre a medio esculpir en un bloque, un macizo y opaco bloque de olvido que debemos de  seguir esculpiendo para no olvidar, aunque el precio sea cargar cada uno con un pedacito de esta atrocidad manteniéndola viva y apresada en nuestro recuerdo. Porque si dejamos de cargarlo, si permitimos olvidarlo, volverá de forma certera, implacable y arrolladora contra las víctimas del sistema de odio justificado por el mismo ser humano plenamente corrompido que nacerá y brotará como fruto de nuestro descuido y olvido de la historia dolorosa que llevamos recorrida.

Por último, antes de dirigirme al caballo mecanizado que nos carga en su lomo y donde plasmaré cada una de estas sensaciones y recuerdos, me situé delante del preso 6047, que tenía la mirada anclada en el cielo y ambas manos abiertas en oración para recibir la misericordia divina. Uniéndome a él alzo la mirada a su mirada y empiezo a rezar al Dios que conozco y trato con la esperanza de que calme el sufrimiento de aquel y todos los que sufrieron aquel tormento. Pues Dios vive simultáneamente todos los momentos, para lo cual rezar hoy por el ayer es igual de efectivo que rezar por el mañana, aunque a los ojos de nuestra experiencia vital sea un indudable sin sentido. Tras rezar me retiré caminando lentamente y reflexivo, intentando aprender a vivir con el peso que me llevo para jamás dejar de abrazarlo aun con sus espinas, de recordarlos, aun con pesadillas.

 

Matías es graduado en Ingeniería de Organización Industrial por la Universidad Politécnica de Valencia y scout. Es extrovertido, entusiasta y muy curioso.

Lluna Martí Fernández

Juanjo Cordero Macías, nacido en 1995, se graduó en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y se ha especializado en periodismo científico y medioambiental.

Ha trabajado como redactor en la Agencia EFE y en el departamento de comunicación de la ONG conservacionista WWF. Además, trabaja para promocionar las energías renovables en España, de manera sostenible y en manos de las personas, con la entidad sin ánimo de lucro Ecooo.

Entró en el mundo de las rutas al realizar, de manera independiente, el Camino de Santiago y senderos por Europa. Participó en 'Ruta Siete' en el 2017 y ha viajado a Colombia, México y República Dominicana con la expedición 'Tahina-Can'.

Médica general nacida en Madrid en 1994. El voluntariado sanitario me ha permitido el lujo de descubrir culturas y personas increíbles en Ghana, Camerún, Perú, Brasil y México. Enamorada de la medicina psicosocial he trabajado con el Servicio Móvil de Atencion Sociosanitaria al Drogodependiente de la Comunidad de Madrid. Participé como expedicionaria de la Ruta Inti 2018: el Renacer del Sol. Me encanta la naturaleza, el deporte, viajar y aprender a través de otras personas.

Carme Honorato

Ana Tejedor nació 1997, en Sevilla. Es graduada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla, habiendo hecho los dos últimos años en Santiago de Chile y Barcelona y Máster en Comunicación Científica en la UPF-BSM, Barcelona.
Actualmente está enfocada en la comunicación científica, en concreto en la producción audiovisual de contenido divulgativo.
Con luz y un buen enfoque se decide a grabar en cualquier momento.
Participante en la Ruta Quetzal 2012. Graduada en Comunicación Audiovisual. Soy una apasionada del vídeo, la fotografía y el sonido. Comunicar a través del lenguaje audiovisual es mi especialidad, grabando y editando vídeo de eventos, corporativo, documental y ficción.
He trabajado para televisiones locales (À Punt, Plaza TV) y nacionales (Antena 3). Actualmente soy cámara, jefa de imagen, sonido y postproducción, editora y finish, del programa Plaza Lifestyle en Valencia Plaza.
Además del vídeo, mis otras grandes pasiones son viajar (que no turistear), los perros y los cactus.

Mar es una persona que ríe (mucho), llora (bastante) y habla (aún más).

Si quieres escucharla bien, tendrás que estar bien cerquita de ella, porque Mar habla muy rápido y muy (muy) flojo. Podrás bromear (en cualquier momento) y al mismo tiempo hablar de las profundidades más profundas de la vida (en algún que otro ratito).

Sabe escuchar. A lo mejor por eso estudió medicina (o no, ni ella misma sabe por qué lo hizo). Y a veces escribe; si le caes bien, quizá salgas en su próximo relato. Y a ratos dice que quiere ser artista y aprende a tocar instrumentos. Hace cosas así.

También le va la marcha y huye de hacer las cosas porque sí. Ahora quiere empezar a prepararse para ser profesora y estar con criaturas y de mientras, hacer un porrón de cosas más.

 

Beatriz Lázaro Martínez

 

Ruth Juan Domínguez, estudiante de derecho, con múltiples aficiones y con ganas de conocer mundo.

Marta Fernández es profesora, óptica-optometrista, audioprotesista. Amante de los viajes y del deporte, disfruta trasmitiendo a sus alumnos la inquietud por aprender y conocer nuevas culturas.

 

Eva Ruiz es una apasionada del deporte, la educación y la naturaleza. Graduada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y siguiendo su camino como educadora con el Máster de Formación del Profesorado en Secundaria y Bachillerato e investigando en el Departamento de Educación de la Universidad de Alcalá, aspira a convertirse en una futura docente que transmita valores a través del movimiento.
Por otro lado, compagina sus estudios con el ocio y el tiempo libre, disfrutando todos los veranos y durante el año, rodeada de jóvenes en diferentes experiencias educativas no formales, como campamentos o actividades extraescolares.
Eva piensa que la educación es el mayor acto de generosidad posible y que el mundo se ve más bonito con una sonrisa.

Mi nombre es Alberto, tengo 27 años. Con predilección por las nuevas experiencias en las que no sabes qué te encontrarás, el deporte y la montaña. Juntar todas ellas me lleva directamente a esta aventura y a poder compartirla con vosotros. Lo que define mi última gran pasión, conocer gente con las mismas inquietudes de las que poder aprender.

Leonor Canals Botas es politóloga y ha realizado un máster en Intervención Social con especialización en investigación y género en la UPNA.
Actualmente intentando realizar un doctorado, disfruta cosiendo mensajes feministas y anticapitalistas en camisetas y yendo de excursión al monte.

Curiosa, extrovertida y alegre. Próximamente graduada en Protocolo, Organización de Eventos y Comunicación Corporativa, siempre anda con algún proyecto en mente y abrazando lo que el futuro le depare.
Le encanta leer, el arte y el medio ambiente pero estar con gente y descubrir sitios nuevos la vuelven loca.