Día 9 (25 de julio)

27 julio 2017
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Las botas del rutero

 

¡Buenas, buenas! Somos las botas de los ruteros y aprovechamos este blog para pronunciarnos. Muy de madrugada empezamos nuestra rutina, unos pies con ampollas y vendajes nos dan vida y empezamos a movernos. Caminamos al ritmo de los monitores gritando para reunir a sus grupos, los ruteros quejándose por no tener tiempo para ir al baño y los chicos de intendencia provocándolos con sus desayunos y suculentos bocadillos.

El trabajo verdadero empieza con la caminata por la Selva Negra, esta vez el camino lleva por el monte, sobre cada par de nosotras una persona, una mochila llena de ropa, guarniciones de comida y agua, y una que otra bitácora con secretos de amor, buenos deseos y malos pensamientos.

Al paso acelerado de los guías ascendemos hasta Karlstein (“la piedra de Karl”), una roca en medio del bosque en la que ayudamos a los ruteros a subir para ver el paisaje… como andamos por el piso, entre la mierda, las rocas y los bichos, esas vistas quedan fuera de nuestro alcance, pero escuchamos varias voces de asombro frente al hermoso paisaje de pinos y niebla del que hablan.

Aparte de andar entre la tierra y tragando piedras, hoy hemos tenido que chupar bastante agua, pues la Selva Negra no sería tan densa y verde si no fuera por los aguaceros que la acechan constantemente…. Jodida vida la nuestra, hacemos todo lo posible por ocultarnos paso a paso bajo las capas de lluvia de los ruteros, porque si permitimos que se les mojen los pies, esos tíos van a desear no habernos comprado nunca.

Así transcurre la marcha, avanzamos 6 km hacia arriba y poco más de 15 entre bajadas y pequeños picos hasta llegar a Schönwald, donde una cabaña agradable nos espera… ¡Oh! ¡Finalmente! Un lugar para descansar, un piso para dejar las mochilas y descargar el peso, Dios graci… ¡oh no!, ruteros, ¿A dónde van? ¿Al pueblo? ¡Pero si está a 2 km. de la cabaña! Estos jóvenes de hoy en día no se conforman con 20 km. de caminata, llegan y ahora nos hacen ir hasta el pueblo de Schönwald a comprar chocolates, jugos, frutas y algunas latas de atún.

Ahora sí, finalmente de vuelta al calor del hogar… ¡sí que sí! Corran por las praderas ruteros, la lluvia ya no nos detiene, ¡vamos a comer y dormir! ¡Corran ruteros, juntos podemos! ¡Sí, vemos la cabaña! Vamos pa dentrooooo… espera, ¿qué hacen? ¿Coño, qué hacen? Santa madre qué hacen ruteros ¡¡NO NOS DEJEN ACÁ AFUERA!! Solo porque estamos un poco sucias y apestosas nos dejan afuera de la casa? ¡Desgraciados!, mal agradecidos, los hemos acompañado por horas, estamos empapadas y ahora nos dejan?… ¡Y por unas sandalias de mi**** que no han echo más que ocupar espacio en vuestras mochilas!

… Pues sí, para que todos sepan, estas cagadas son las que nos tocan a nosotras las botas. Caminamos como locas, tragamos miles de gotas, nos cambian por sandalias que viajan a nuestras costas y al final del día nos dejan fuera como a malas esposas… escuchen bien ruteros, si quieren que los ayudemos a visitar las mil maravillas, han de tratarnos como más que simples zapatillas.

 

Catalina Murcia Alejo