Crónica del 6 de agosto

8 agosto 2023

Mar Gutiérrez Domínguez, Madrid

Mar tiene 22 años, es de Madrid, y es expedicionaria del Grupo 3 de Ruta INTI.  Estudia Derecho en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) .


Una vez leí que en todos los lugares hay personas maravillosas que esperan ser encontradas. Encontrarlas no solo depende del resto, sino de nuestra propia disposición para hacerlo.

Elena, por ejemplo, tiene una ciudad de la que vive enamorada; Pablo, un sueño por el que sigue peleando; Sofía, un reto por delante; Víctor, resarce una cuenta pendiente y Pauli, ojalá hable de mí algún día como habla de sus amigas.

La Inti tiene “oficialmente” 150 expedicionarios, pero nada más lejos de la realidad. La Ruta camina con un mago, una artista de circo, una escuela de catalán, dos amigos de la infancia, varias balas perdidas, un scout nostálgico, la primera mujer presidenta, un posible epigrafista maya, una drag queen, un bicho atrapado en un cuerpo humano, una célebre periodista, un heredero de Miguel de la Quadra, varias Rutas Quetzal y otros tantos Rumbo al Sur, una mujer al timón, una política antisistema y un filósofo que no cree en el pensamiento. Entre todos, un gran batallón de calidad humana.

Nuestro viaje despierta hoy en su día 14, pero más que dos semanas llevamos unos 35 recuentos, de los que el grupo 3 solo puede presumir de haber cumplido más o menos la mitad. 15 abrazos, 6 de ellos grupales e irrepetibles. He cruzado 10 besos y 4 te quiero. 4 manguerazos a medias con 5 personas, porque no es vida si no hay con quien compartirla. 4 baños en la playa que han sido ducha. 13 cenas que saben a casa cuando se comparten historias de vidas anteriores al viaje. Un total de 35 horas de autobús, que compensan las horas de sueño perdidas. Tengo varias conversaciones a medias, porque el ritmo de la expedición me las acaba interrumpiendo, pero que agradezco porque sé que tendré que volver a sentarme a charlar con esas personas. Tengo un alfiler clavado en Cancún, Tabi, Campeche, en cada escalón de Calakmul, Kabah, Labná, Uxmal y Tekax. Han sido madrugones que suenan a Chavela Vargas o Natalia Lafourcade encendiendo las cuerdas vocales de Ester. Pirámides que rascan el cielo y agitan las nubes para que Chaac nos mande la lluvia con la que lavar nuestra ropa. Hemos reconstruido puentes derruidos por versiones inciertas entre dos culturas con una historia en común. Aceptar lo aprendido en casa como medias verdades. 14 días también dan para recorrer 63 km a pie por la selva mexicana, y no los reduciría ni un solo metro. Dan para varias ampollas y unas fiebres, que se sienten menos décimas cuando 4 amigos con platos sucios repasan las anécdotas del día y te sacan la sonrisa. Que la suciedad ya no te importe. Es sentir que somos muchos pero todos indispensables. Sentir que eres importante en algo muy pequeño pero sumamente especial. Aprender a escuchar las necesidades de los demás y permitirnos expresar las propias. Despedir el día con conversaciones bonitas susurradas a la luz del frontal y amanecer a las 3 am para ganarle la carrera al sol. Es preocuparse por el compañero y sentir que de corazón se preocupan y cuidan de ti. Repartirnos el peso de quien ya no puede más. Es un llamamiento a las instituciones españolas, que no hay país que mejor invierta que aquel que apuesta por la educación y desarrollo de sus nuevas generaciones. El que brinda oportunidades. 14 días con un equipo médico siempre transmitiendo esa serenidad cuando nos hemos visto algo agitados. Es que en 14 días, no siempre salen las cosas como se habían previsto, y se cuelan horas, kilómetros o peso de más, y entonces empiezas a apreciar lo viva que está esta ruta cuando el esfuerzo de todos hace encajar los engranajes que la hacen seguir funcionando.

Para los que intentan viajar con nosotros a través de la pantalla, siento deciros que ni las cámaras ni las crónicas son capaces de captar y haceros trasladar lo que pisamos, sudamos, olemos, admiramos y saboreamos. Ese privilegio solo está reservado para unos pocos afortunados que hacen rodar la novena edición de esta ilusión. Nuestro precio a pagar se lo cobrará la nostalgia en un tiempo no muy lejano. Echar de menos es el privilegio de haber vivido.

Yo tengo una larga lista de personas a las que agradecer el estar aquí, pero de entre todas ellas, hoy quería mandarle un beso especial a mi madre. Feliz cumpleaños mamá, te quiero y pienso en ti todos los días. Gracias por hacerme una rutera.