Skopje, Macedonia

27 junio 2017
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Skopje es la capital de la República de Macedonia y una gran desconocida a nivel turístico. No mucha gente conoce las posibilidades que ofrece al viajero esta ciudad de algo más de 650 000 habitantes y que divide en dos el río Vardar. Allí viajó Péter Whrovina, expedicionario de la Ruta Inti 2016 y colaborar en 2017. La fotografía superior muestra su espectacular museo arqueológico, de inspiración helénica.

Skopje es todo un descubrimiento. Es una ciudad en pleno resurgimiento que, a la vez que se moderniza, está recuperando todo su legado histórico y se está abriendo al turismo como parada ideal para dar a conocer este país balcánico.

Después del terrible terremoto que la asoló en 1963, en los años recientes el gobierno del país impulsó el gran proyecto Skopje 2014. Este se ha traducido por la construcción de decenas de monumentos, edificios y estatuas en un estilo neoclásico algo pomposo, a veces incluso artificioso.

Siguiendo el eje marcado por el río Vardar, a su paso por el centro de Skopje, se está llevando a cabo ese desarrollo monumental de la capital macedonia. Este proceso modernizador se concentra en torno a la plaza de Macedonia, donde una colosal estatua del héroe nacional se erige, espada en mano y a lomos de su imponente caballo, sobre un pedestal de proporciones hercúleas. No se ha escatimado en gastos a la hora de representar la figura de Alejandro Magno y han conseguido perfectamente lo que buscaban: impresionar al visitante.

En cuanto al museo que aparece en la fotografía, se trata del Museo de la Lucha de Macedonia por la Soberanía y la Independencia. Inaugurado en 2011, es fundamental para entender la psique colectiva de un pueblo al que sus vecinos, principalmente Grecia y Bulgaria, se niegan a reconocer como nación. El visitante se mueve entre estatuas de cera y enormes pinturas murales que retratan la lucha de los macedonios contra todas las dominaciones: otomana, búlgara, griega, alemana o comunista. Batallas, insurrecciones, represión, torturas: el tono es militar y patriotero, propio de una comunidad nacional obsesionada en autoafirmarse.

Fuentes: Gastasuelas y El País.