Día 18 (3 de agosto)

4 agosto 2017
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Amanece en Ulm. Las agujas de la catedral más alta del mundo proyectan sombras sobre los inteños que se despiertan con los primeros rayos de sol y el trino del gorrión, ave simbólica de la ciudad.

Las mochilas aguardan expectantes el largo viaje que les espera en la bodega del autobús. Numeraciones y desayuno transcurren como de costumbre y pronto invadimos de nuevo los autobuses. Aunque el cansancio y las siestas están presentes no faltan la música ni las risas. El viaje se hace corto y antes de que el culo se quede demasiado plano hacemos la primera parada. Una marabunta amarilla invade y recorre curiosa la ciudad de Ratisbona, visitando su catedral, el puente sobre el Danubio, o sus pintorescas calles.

Los inteños vuelven al bus con sus estómagos llenos de sardinas, helados, y algún que otro kebab. La música y risas siguen, ahora con más intensidad después del merecido descanso.

La Ruta llega a Passau y se instala en un camping junto al Ilz, uno de los tres ríos que bañan la ciudad. Tras el rápido montaje de las tiendas (ya le vamos cogiendo el truco) la gente aprovecha el tiempo libre para descansar, bañarse en el río, o dar sus primeros pasos por la ciudad.

A la vuelta espera Miguel, nuestro director de comunicación, con su conferencia “Nacionalismos, fronteras y Estados”. Tras aclarar estos conceptos (aún con algunas dudas y comentarios) nos preparamos para cenar. El olor del revuelto hace la boca agua de los más hambrientos mientras numeramos. Las conversaciones durante la cena desvarían, como de costumbre, y ocurren las pruebas de La Pinza o El Vampiro, juegos muy recurrentes en cada grupo.

Tras lavar plato y poto nos preparamos para una visita nocturna a la ciudad de Passau. Recorremos las oscuras calles, imaginando cómo serán durante el día (aunque aún nos quedan días en la ciudad para averiguarlo). La tenue luz de las farolas ilumina las telas de araña en las que todos nos quedamos embobados mirando, y observamos el reflejo de las calles sobre el río. Las camisetas amarillas se ven al doblar cada esquina. Aunque la luz es escasa es suficiente para poder admirar la catedral y las plazas de Passau, y el sonido de las botas en los baldosines es suficiente para llenar el silencio de alegría y risas ruteras.

Cansados llegamos al campamento y abrazamos el saco con fuerza. Mañana, más y mejor.

 

David Sánchez (expedicionario)