8 de agosto. Día 26: Puerto Prado

8 agosto 2018

La Ruta tiene la capacidad de tornar un día de mierda en uno inolvidable (y viceversa). Hoy quiero escribir sobre uno de esos días.

El día comenzó tranquilo, a ritmo amazónico, tal y como viene sucediendo estos últimos días. Tras el Malarone reminder, tomamos leche por segunda vez en toda la Ruta. La verdad es que el planning no es muy llamativo: primero una charla de supervivencia impartida por Guille, el monitor del grupo 6 y después realizar artesanía con las mujeres de la comunidad kukama (con lo poco que me gustan a mí las manualidades).

Después de las actividades de la mañana pasamos a comer y nos dan tiempo libre, el cual aprovecho para grabar un par de entrevistas para el documental de Manu y empezar con el videoclip de “Ya hueles mal”. Esto hace que me agobie y me sienta mal anímicamente y encima, para colmo, cuando ya me estoy olvidando de todo eso Guille Urios nos dice que ya ha acabado nuestro tiempo de ocio. Refunfuño y me fijo en la gente que sale corriendo hacia la zona de selva. Sin saber por qué ni cómo me veo envuelta de gente danzando y riendo y con la cara pintada con un Inti en cada moflete.

Resulta pues que estamos en medio de una ceremonia de carnaval Kukama. Lo siguiente que recuerdo (fue todo tan intenso que me cuesta ordenar todo lo sucedido) es a un montón de ruteros y no ruteros en medio de una pelea de agua y danzando, como si esa tarde fuera la última de nuestra vida. El agua se confunde entre las risas y los resbalones y has de atacar con agua si no quieres acabar calada hasta los huesos (en realidad vas a acabar calada igual). En el momento en el que todo el mundo está más arriba decido parar. Les miro. Miro sus caras, sus movimientos, sus ojos. “Parecemos los niños perdidos de Nunca Jamás”, pienso. El vivir el presente más absoluto. Y todo pasará en un momentito. Pero este momentito quedará tatuado en nuestra piel por siempre, una manera distinta de ser feliz.

Cenamos mientras sucede la biblioteca humana y nos vamos rápidos a dormir ya que nos quedan menos de cuatro horas de sueño. Me meto en el saco y cierro los ojos un momentito. Todo esto ha pasado en menos de un suspiro. Y somos unos afortunados de haberlo vivido. La felicidad era esto, decían.

“Por donde tú vayas y pases yo pasé. Y por donde tú brinques yo también brincaré.”

Patricia Gil