23 julio. Día 10: Viaje autobús

23 julio 2018

Si no habéis pasado un día entero (literalmente más de 24 horas) en un autobús, os será difícil comprender lo tedioso del paso del tiempo. Sí, las horas y los minutos siguen pasando, pero tú pareces permanecer ajena. En un duermevela constante en el que los momentos lúcidos están rodeados de cotilleos y los sueños son más bien inquietos. Un tiempo demasiado largo para dedicar a cualquier actividad y que parece imposible de rellenar incluso con varias.

Nos ofrecen un desayuno bastante contundente que incluye unos cuantos dulces típicos que hacen las delicias del grupo.

Estamos repartidos en dos vehículos diferentes y al mío parece que lo persigue la mala suerte. Mientras avanzamos lenta pero inexorablemente notamos una sacudida. Nos agarramos a nuestra compañera y cruzamos una mirada desconcertada. Nada, sólo era una rueda pinchada. ¿Os habéis divertido? Por si acaso, hagamos un bis. Dos ruedas pinchadas y mucho tiempo de retraso mientras lo arreglan.

Con todo, hay una serie de malentendidos que hacen que acabemos comiendo en una estación de servicio en medio del desierto peruano. Eso sí, el restaurante es de comida china. Un restaurante chino en medio del desierto de Perú se convierte de manera improvisada en nuestro refugio y oasis.

Aunque hay caras largas al subir de nuevo al autobús, estas se palian un poco cuando nos dicen que vamos a parar en las líneas de Nazca. Pese a que hay que pagar para subir al mirador, la mayoría nos encaramamos encantadas a una especie de andamio que se alza en la mitad de una recta de la carretera y que permite apreciar a simple vista tres de estas misteriosas figuras. Si bien es cierto que se apreciarían mejor desde el cielo, a falta de avioneta, bueno es el mirador.

Ya no quedan más paradas en nuestra ruta a Lima, y aun así llegamos con cinco horas de retraso, lo que provoca que no podamos disfrutar del tiempo libre por la capital peruana. Bajamos de un autobús, cenamos la ensalada de lentejas que nos ha preparado intendencia, y nos montamos en otro autobús diferente para afrontar otra noche a bordo antes de llegar a Trujillo.