16 de julio. Organización

20 julio 2018

La mañana para intendencia (y organización) fue más ajetreada de lo que parecía. Hubo que ir a comprar material y comida, sobre todo provisiones para cuando nos dirigiésemos a Puno, a la orilla del lago Titicaca. Esta vez fuimos a comprar arroz, quinoa y verduras. Luego además fuimos a Santa Cruz de Figueroa para, literalmente, arrasar en un puesto de pan (porque necesitábamos 240, dos comidas y una de campaña).

Ya repetí, el problema estructural de la pobreza en Bolivia da otros problemas: en la informalidad la gente va como puede y luchando contra sus propios demonios, pero parece que al menos les queda algún margen para vivir. Ojo, no significa que estén mejor ni mucho menos, pero son ellos los que fijan los precios y no están encajonados en las reglas impuestas por el mercado.

En fin, el día continuó con ir al campamento a organizar el almuerzo. A Nano se le ocurrió aprovechar que era la Fiesta Nacional de La Paz para comprar cochinillo, consiguió regatear el precio de un cerdo entero a la mitad. Fue una sorpresa y un gusto.

El cerdo fue un manjar que disfrutamos con muchas ganas. Fue una manera de animar los ánimos el día antes de partir a las seis de la mañana de la paz en dirección a Teotihuanaco, al igual que las fajitas que Sergio, nuestro jefe de intendencia, había pensado para la noche.  Una despedida como pocas en aquel centro scout en el que cinco años antes Fernando Enríquez (a partir de ahora, léase Nano) y Pablo Fernández entre otros integrantes pensaron seriamente en formar lo que hoy es Ruta Inti. Cuando se mira de lejos uno no se sorprende, sitios desvencijados hay muchos en La Paz. El agua era bastante escasa y no me pasaré a hablar de los baños. Pero, y es un, pero de los mejores, nos habían recibido a 125 personas como si fuera nuestra propia casa, en mitad del frío que serpenteaba desde las cordilleras hasta el altiplano. De alguna manera u otra, no pudimos estar más agradecidos. Ya en las dinámicas durante el día la gente había podido compartir experiencias muy personales y fue increíble ver cómo se sincera la gente cuando apenas se conocen de tres días. Eso en las sociedades modernas no suceden; ya hablaba Ernesto Sábado de lo inconcebible que es un mundo en el que los niños no ven a una gallina poner un huevo, o no ven hacer a un perro. En el momento en el que arriamos la bandera de la Inti lo pensé: esa es la magia de poder pararse a pensar en lo que realmente quieres. Te recuerda, en el fondo, que es lo importante. Me gustaría decir que fue el último pensamiento antes de dormir, pero el sueño me venció pensando en madrugar.